BELÉN SAN ROMÁN

A finales del siglo pasado la Real Escuela Superior de Arte Dramático, más conocida como la Resad era el sitio que más podía parecerse al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería que se inventó J. K. Rowling. 

Allí había magia de todo tipo: brujos, magos, brujas, artes oscuras, sabios maestros, profesores que nadie sabía el motivo por el que estaban allí y hasta dementores moviéndose por los pasillos.

A mí me hubiera gustado asumir el rol de Harry Potter. Las gafas y el permanente pelo desordenado me daban pautas para ello. Sin embargo, carecía de cicatriz en forma de rayo en la frente y si me encontrara con Voldemort saldría corriendo en dirección contraria si la diarrea me hubiera permitido moverme.

Sí que había una Hermione, y estaba en mi clase. Se llamaba Ana Belén San Román Vidal y era, como el personaje creado por la escritora inglesa: inteligente, trabajadora, guapa, constante, sensible y entusiasmada por aprender. Ahora la tendréis que buscar por su nombre artístico; Belén San Román y es: inteligente, trabajadora, guapa, constante, sensible y entusiasmada por aprender.

Le adornaba otra característica por la que era admirada y envidiada, su capacidad para la comedia. Por eso, cuando nos quedaban pocos meses para rematar los cuatro años en la escuela dedicada al arte de Talía, tímido y nervioso me acerqué a ella y le dije que aunque mis recursos eran limitados, mis intenciones eran buenas. Que si bien, por el momento, no contaba con patrimonio, estaba seguro de que con mi esfuerzo y dedicación llegaría a reunir el suficiente capital para hacerla feliz. Comenté entre balbuceos que tenía escritos algunos textos que pensaba podían ser representados y me preguntaba si ella accedería a interpretarlos conmigo.

Me dio el sí y comenzó La Bella y la Bestia. Durante dos años nos dedicamos a hacer espectáculos de café-teatro por cualquier lugar donde nos dejaran representarlos.

Monólogos, escenas y canciones que buscaban la originalidad, que divertían al público y nos divertían a nosotros, sus creadores.

Belén San Román y Lucas Herrador en La Bella y la Bestia

Aquella fue una época alocada y maravillosa en la que aprendimos mucho. El contacto directo con el público nos hizo mejores artistas. Las musas estaban muy contentas con nuestro trabajo donde metíamos un poco de todo. Alguna vez pensamos en el trapecio, pero las reducidas dimensiones de los locales donde trabajábamos nos lo ponían imposible.

Para ambos ha pasado el tiempo, no las ganas de seguir contando cosas. Yo sigo con gafas y mi pelo imposible se cubre de ceniza día a día. Ella continúa con su sonrisa, sus ganas de aprender y es mejor actriz que nunca. No os la perdáis en su canal de YouTube.

En el artículo de la semana pasada hablé de la colaboración que hemos iniciado. https://lucasherradorgatoblanco.home.blog/2020/06/12/lo-que-le-cuento-al-viento/

Cualquiera sabe lo que nos tienen reservados los dioses.

Lee mucho, escribe mucho y luego me lo cuentas.

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